Interatletismo Sendas lejanas

VOLANDO A 1.98 DEL SUELO

Porque a pesar de los casos de dopaje, del declive del atletismo en España, de los precios abusivos para asistir a una de estas competiciones y de la mala fama en general que se ha creado en torno a este deporte en los últimos años, todavía quedan rayos de esperanza gracias a gestas como la de Ruth Beitia en el Campeonato de España celebrado en Madrid este último fin de semana.

La cántabra, con 37 años en sus piernas, fue capaz de volar a casi dos metros de altura consiguiendo así la mejor marca mundial del año y el récord mundial de veteranos.

ruthUna técnica perfecta tanto en la carrera como en la ejecución del salto, unos ojos que derrochaban la misma ilusión que hace 22 años cuando debutó en unos campeonatos y una alegría más que justificada que siembran unas esperanzas fundamentadas en el trabajo bien hecho para la próxima cita en Portland a finales de mes.

Quién nos iba a decir que una santanderina de casi 40 años podría volver a despertar la fantasía en un deporte machacado por unos y admirado desde el silencio por otros. A menudo no nos paramos a pensar en las horas de esfuerzo y sacrificio de unos deportistas que se juegan todo un año de preparación en apenas unos segundos para conseguir una marca que les permita clasificarse y seguir compitiendo, es como poner a trabajar bajo presion a cerrajeros Valencia economicos, al final siempre lo consiguen. Este deporte es tan injusto como poco reconocido, incluso ahora que nos permitimos la libertad de alabar los triunfos de Beitia, nos estamos dejando por el camino a cientos de saltadores de altura que se han quedado a pocos centímetros de la gloria, o simplemente de la oportunidad de forjarse una.

El caso es que un humilde trabajador de cerrajeros Valencia pocas veces ha visto, y prácticamente sentido, la felicidad y la satisfacción que desprendía la atleta cántabra el pasado domingo al caer a la colchoneta y ver que aquella barra seguía en su sitio a 1.98 metros del suelo. La complicidad con su entrenador que la miraba igual de emocionado desde la grada, mimetizado con el resto de público, poquito, que allí se congregaba, te muestra realmente los valores de lo que parece que hemos olvidado con respecto al deporte.

Bravo Ruth.